lunes, 30 de marzo de 2009

LA MODERNIDAD MUSULMANA PASA POR TÚNEZ


Asaf Romirowsky

El académico Daniel Pipes lleva años argumentando que la solución al islamismo e Islam radical es el Islam moderado. Pero la pregunta sigue siendo quiénes son estos moderados y dónde se les puede encontrar. Como afirma Pipes, "el islamismo es una versión utópica del Islam. Los islamistas, los fieles de esta ideología totalitaria extendida y bien financiada, intentan crear un orden islámico global para aplicar integralmente la ley islámica (Shari-'a)."

Utilizando esta definición, la moderación exige el rechazo a la jihad por imponer el gobierno musulmán y el rechazo al terrorismo suicida. Sin el estatus de ciudadanos de segunda para los no musulmanes. No más pena capital por adulterio ni crímenes "de honor." Y no más sentencias de muerte por blasfemia o apostasía.

Finalmente, significa suscribir la misma modernidad que judíos y cristianos han adoptado en la que no hay contradicción entre ser un individuo religioso por una parte y vivir por la otra en una sociedad moderna. Los titulares que salen de Afganistán, Irán, Sudán y un amplio abanico de lugares más sugieren que esta moderación simplemente no es factible, y que el Islam en su forma más básica y agresiva siempre gana.

Recientemente viajé a Túnez para explorar este pequeño y hermoso país ubicado en el corazón del norte de África entre Argelia y Libia. Túnez ha desarrollado discretamente y con éxito en los últimos años un en-torno de coexistencia entre judíos, cristianos y musulmanes en el que la modernidad sirve de denominador común y la religión no se interpone en la vida cotidiana. Túnez no es en absoluto perfecto, pero su estabilidad política, la síntesis árabe-occidental y la visión económica podrían servir de paradigma para otros estados de Oriente Medio.

Como me decía Oussama Romdhani, director general de la Agencia de Comunicación Externa Tunecina, "la tolerancia cultural y religiosa forma parte del patrimonio de Túnez. Las muestras de armonía religiosa que uno percibe en la celebración del Ghriba son posibles a causa de la historia social de Túnez y por-que los cambios y reformas introducidas en Túnez especialmente durante las dos últimas décadas han sustentado los valores de la tolerancia y la aceptación de las diferencias culturales y religiosas." El pueblo tunecino es cálido, amistoso y educado así como abierto a Occidente. Los 10 millones de ciudadanos de Túnez tienen en gran estima los siglos de influencias fenicias, romanas, judías, árabes y europeas que siguen marcando su cultura.

Túnez era evaluada como la economía más competitiva de África por el Foro Económico Mundial y es conocida por su bajo nivel de pobreza, altos niveles de alfabetización y la cantidad de oportunidades que se facilitan a las mujeres. Pero los críticos también argumentan que es un sitio en el que la dirección política controla a la prensa y de manera rutinaria encarcela a la oposición. Muchos de estos intercambios con académicos entre otros implican política mundial, política exterior americana en Oriente Medio así como la dinámica palestino israelí.

Lo que encuentro interesante es que al igual que los europeos, los tunecinos están orgullosos de sus judíos y su herencia judía pero odian a los israelíes, que son percibidos como la encarnación del mal. Sin embargo, esta animadversión no impide a Túnez percibir su modelo de coexistencia como mecanismo para ayudar a establecer la paz entre israelíes y palestinos. Un motivo obvio de que los tunecinos diferencien entre judíos e israelíes es la cercanía con Francia. Otro tema es la posición tunecina en el problema al que se enfrenta Europa en conjunto con los nuevos inmigrantes musulmanes que des-precian al estado judío a causa de la situación de los palestinos. Europa está viendo un lento pero constante crecimiento del antisemitismo bajo el aspecto de antisionismo, que se está extendiendo hasta los vecindarios musulmanes, que no son ajenos al antisemitismo coránico.

No ha existido un nivel así de preocupación, inquietud, hasta depresión entre los judíos europeos desde 1945. Un motivo de esto es la relaja-da definición oficial de antisemitismo en lugares como Alemania, en donde hasta el momento en que aparece un acto de violencia, hay suficientes en resquicios legales para permitir a los autores materiales evitar cualquier consecuencia. Ro-bert Wistrich, un historiador especializado en antisemitismo, observa "Europa no sabe combatir el antisemitismo si ello apacigua a terroristas o ensombrece el nombre de Israel.

Debemos insistir en que existe la relación entre la palestinofilia in-condicional, ser blandos con el terror y la jihad, difamar a Israel y las goleadas actuales de violencia antisemita."

Túnez ha tenido en la práctica su porcentaje de antisemitismo y actividad islamista. En abril de 2002, un terrorista suicida de al-Qaida empotraba un camión lleno de gas propa-no contra al-Ghriba, la mezquita más antigua del norte de África. 19 personas, turistas alemanes en su mayoría, perdían la vida. Históricamente, el antisemitismo/ antiisraelismo creció tras la Guerra de los Seis Días, pero fue el ex presidente de Túnez Habib Bourguiba (1903-2000) quien actuó de manera tajante para cortar tal violencia y garantizar la protección judía.

Bourguiba era famoso por ser un diestro político que con frecuencia prefería quedar por encima de adversarios como los funcionarios franceses o los conservadores islámicos antes que complacerlos. Sus tácticas llegaron a llamarse en la prensa parisina Bourguibismo, y ayudaron a afianzar su posición como líder de Túnez después de que los mandatarios de las demás naciones musulmanas -- el shah de Irán, el rey de Libia, los gobernantes de Siria e Irak -- fueran derrocados. Cuando Túnez se independizaba fue Bourguiba quien trabajó por los derechos de la mujer y defendió "un código personal" que contenía la jurisprudencia musulmana tradicional y las costumbres implementan-do los derechos de la mujer. Años de estudio en París durante los años 20 empaparon a Bourguiba de la lógica y el pensamiento occidental, y durante sus tres décadas como presidente encontró lógico defender la contención hacia Israel, incluso después de la victoria israelí en la guerra del 67, cuando los demás líderes árabes querían venganza. Además, también instaba al mundo árabe musulmán a afrontar el hecho de que Israel es una realidad que debe ser reconocida y con la que hay que trabajar.

Este realismo tuvo consecuencias políticas; en conversaciones a puerta cerrada con Nasser en 1965, Nasser elogiaba a Bourguiba por sus comentarios sobre Israel y a continuación públicamente lo denunciaba. Y gracias a la forma en que Nasser ridiculizaba a Túnez suspendieron contactos diplomáticos en 1966. Algunos meses antes de la guerra de Yom Kippur en 1973, Bourguiba pedía "una paz justa y duradera," citando el derecho de Israel "a no ser exterminado y arrojado al mar." Pero en 1973 igual que en 1967, enviaba una fuerza militar para mostrar su apoyo al bando árabe.


Cuando la Organización para la Liberación de Palestina abandonó Beirut occidental en 1982 tras la invasión israelí, a pesar de muchas cesiones les abrió la puerta. Y aproximadamente 1.100 miembros de la OLP en activo llegaron por mar a Bizerte para encontrarse con un recibimiento. El principal anfitrión fue Bourguiba jaleando desde el muelle y permitiendo que la OLP abriera delegación en Túnez. Salto a 1987, uno de los golpes de estado menos violentos de toda la historia, cuando Zine al-Abidine Ben Ali se hizo con el poder. Ben Ali había sido primer ministro y jefe de Inteligencia bajo Bourguiba. Y teniendo en cuenta el mal estado de salud de Bourguiba en 1987, la transición fue llamativa-mente tranquila.

Bajo Ben Ali, los líderes en Túnez han adoptado una postura dura en la separación entre religión y estado. La implementación de la prohibición constitucional de partidos políticos constituidos según directrices religiosas es implacable y silenciosa, como los registros a los particulares sospechosos de la más remota inclinación hacia movimientos islámicos políticos. Esto ayuda a explicar el motivo de que los hombres con barba de estilo islamista sean una rareza en Túnez. Las autoridades desarticularon la importante organización islamista Movimiento An-Nahda ("Renacimiento") a las órdenes del renombrado exegeta Rashid al Ghannushi.

Todo esto ha suscitado gran apoyo a Ben Ali y Bourguiba por desplazar a Túnez en la dirección de la moderación y la modernidad en una región constantemente amenazada por la inestabilidad y el islamismo. Y esta es realmente la impresión que me dio mientras recorría el país, que los tunecinos son felices con su estilo de vida y no buscan abanderar su religión en nombre de una ideología.

Sin embargo, mantener este equilibrio depende de que Túnez pro-mueva su modelo además de que Argelia y Libia vean a Túnez como pasaporte a la modernidad. Si podemos repetir con éxito esta práctica de la religión, hay posibilidades de ver cambio. Sin duda, cualquiera preocupado por el futuro del Islam debería cooperar con el sentimiento pro-occidental de Túnez.

Este tesoro oculto del mundo musulmán me fue mostrado por mi amigo Jerry Sorkin, un empresario radicado en Filadelfia con muchos años de experiencia en Túnez. Me describió su primera visita a Túnez hace 25 años diciendo, "me subí a un taxi, el conductor puso instintiva-mente en marcha el taxímetro, con-dujo por el asfalto, me dio el cambio y me dio las gracias. Supe que estaba experimentando algo que no había experimentado nunca en mis visitas a muchos otros países de Oriente Medio y el norte de África. Esta fue la primera de lo que viene siendo una corriente perpetua de dicotomías de las que he sido testigo y he experimentado en Túnez, que me permiten decir que Túnez rompe la imagen que la mayoría de los occidentales tiene del mundo árabe y musulmán. Nosotros en Occidente, en particular nuestra administración actual, debería mirar a Túnez como país que, aunque lejos de ser perfecto, puede ser un maravilloso puente entre los americanos y el mundo árabe y musulmán y cuyos muchos logros dentro del ámbito socioeconómico pueden ser comparados con lo que otros países en la región pueden aspirar."

El comentario anterior destaca de verdad lo que Túnez tiene que ofrecer y lo que deberíamos estar apoyando. Mientras el próximo presidente estadounidense se pone a ganar la guerra contra el terror por un lado, y por otro a encontrar a esos musulmanes moderados que puedan pronunciarse contra el Islam radical, Túnez puede ser de ayuda.

Puede aportar individuos que en la esfera pública se necesitan con desesperación para demostrar que los islamistas no son la mayoría.