viernes, 12 de diciembre de 2008

30 AÑOS DE REFORMA EN CHINA


Enrique Fanjul

Antecedentes y causas de la reforma

La China actual es el fruto directo de la decisión tomada por sus dirigentes hace 30 años, en 1978, de adoptar una política de reforma que ha girado en torno a dos grandes ejes: liberalización del sistema económico y apertura al exterior, con un objetivo prioritario y central que es la modernización y el desarrollo económico.

A la muerte de Mao Tse-tung, en 1976, regresó a un primer plano de la política china la contradicción entre las dos grandes líneas del Partido Comunista, la pragmática y la izquierdista, que había marcado la evolución de China desde fines de los años 50. La línea izquierdista, heredera del radicalismo maoísta, se polarizó en torno a la llamada banda de los cuatro. La línea pragmática del Partido agrupaba una vasta y heterogénea mayoría de sus militantes, con unos denominadores comunes que actuaron como factores de cohesión en esos primeros momentos del post-maoísmo: la oposición a la banda de los cuatro, el rechazo a lo que había significado la Revolución Cultural y el deseo de que las cuestiones económicas fueran abordadas con el realismo y la prioridad que merecían.

La política de la reforma no fue, por lo tanto, algo enteramente nuevo, sin un vínculo con la evolución anterior de China, sino un desarrollo de la línea pragmática del Partido Comunista. Inicialmente pudo ser una concepción minoritaria de Deng Xiaoping y el grupo más próximo de sus seguidores. Pero al cabo de un tiempo, y con la facción izquierdista destruida, la política de reforma terminó siendo abrazada por una inmensa mayoría del Partido.

Por otra parte, ¿por qué la reforma se orientó de forma clara hacia la liberalización del sistema económico y el fomento de las fuerzas del mercado?

La razón fundamental es que durante las dos décadas anteriores se habían puesto de relieve en el mundo, de forma cada vez más clara, las limitaciones de las economías socialistas. En relación con Europa del Este, ya desde los primeros años 60 se estaba tomando conciencia de los graves problemas económicos que afectaban a los sistemas socialistas y se especulaba sobre posibles reformas para mejorarlos. En su contexto geográfico más próximo, China tenía en el despegue de economías como Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Japón y Taiwán una demostración de las posibilidades de las economías de mercado. La experiencia internacional era abrumadoramente favorable hacia los sistemas económicos en los que las fuerzas de mercado tienen un papel preponderante.

Además, la política económica maoísta había minusvalorado el bienestar de la población. Mao, con su excesiva valoración de la conciencia revolucionaria de las masas, obligó a éstas a grandes sacrificios. Durante sus primeras tres décadas de existencia, la República Popular China registró un crecimiento económico apreciable (un 6,1% de media anual entre 1953 y 1978), pero las industrias de bienes de consumo fueron sacrificadas en favor de la industria pesada y la defensa nacional.

Los reformistas se dieron cuenta de que el nivel económico y tecnológico más avanzado se encontraba en los países del mundo capitalista industrializado. Si China quería acceder a la tecnología moderna, si quería modernizarse, tenía que abrirse y relacionarse económicamente con estos países.

La conciencia del atraso, la necesidad de abrirse al mundo exterior y las ventajas de las fuerzas de mercado: estos tres componentes configuran una interpretación de la realidad que explica la evolución de la línea pragmática del Partido Comunista y su asunción de la nueva orientación que se va a plasmar en la política de reforma y apertura al exterior.

Hubo, por último, un factor personal decisivo: Deng Xiaoping, que emergió como el nuevo gobernante supremo de China. Deng fue el catalizador y el impulsor de la nueva orientación, el motor decisivo de la política de reforma, que permanecerá en la Historia vinculada de forma inseparable a su figura.

La liberalización del sistema económico

La nueva política de reforma se estructura en torno a dos grandes ejes: la liberalización del sistema económico, con una paulatina extensión del papel de las fuerzas del mercado, y la apertura al exterior. La agricultura fue el primer sector en el que se abordó la reforma: en un plazo de tiempo muy breve, las comunas fueron desmanteladas y se restableció un sistema de explotación familiar de la tierra que, en la práctica, es parecido a la propiedad privada. Se aumentó notablemente el grado de autonomía de las empresas mediante el denominado “sistema de responsabilidad por contratos”. Se permitió y favoreció la propiedad privada y se liberalizaron los precios.

Con la reforma se puso en marcha un proceso de transición de una economía socialista a una economía de mercado. Ahora bien, ha sido una transición no declarada o anunciada. Los dirigentes chinos no tenían un esquema definido de cómo iba a ser el proceso de la reforma y de cuál era el sistema al que querían llegar. No había una hoja de ruta, un “mapa” que los reformistas chinos pudieran seguir: en el mundo había entonces una amplia experiencia de transiciones de economías capitalistas a economías socialistas, pero no había experiencias de transiciones de economías socialistas a capitalistas.

En su pragmatismo, los reformistas chinos probablemente no eran conscientes de que la propia dinámica de la reforma los llevaría a una economía que cada vez era más difícil catalogar como socialista, y que hoy en día es más parecida a una economía de mercado, “capitalista”, que a una economía socialista. En 1978, por ejemplo, las empresas estatales fueron responsables del 77,2% de la producción industrial, un porcentaje que había descendido al 29,5% en 2007.

Otro rasgo del modelo chino es el recurso a la experimentación previa de las reformas. Ha sido normal que una medida fuera experimentada, bien en una zona geográfica específica, bien en un sector o incluso en algunas empresas individuales. Esta experimentación sirve para comprobar su efectividad y para corregir los errores que se detecten. Más tarde, una vez confirmada su utilidad y debidamente corregida, la medida es extendida al resto del sistema económico. Las Zonas Económicas Especiales, por poner un ejemplo destacado, sirvieron a principios de los años 80 para experimentar con inversiones extranjeras. Al principio fueron sólo cuatro. Posteriormente el sistema de zonas especiales para inversión se extendió prácticamente por toda China.

La apertura exterior

El segundo de los dos ejes básicos de la política de reforma ha sido la apertura al exterior. China comprendió y asumió que para modernizarse y crecer económicamente necesitaba tecnología avanzada, métodos de gestión e inversiones del exterior. Se puso así en marcha un proceso que representaba una ruptura con la tendencia al aislamiento que China había seguido durante las décadas anteriores.

A principios de los años 70 el balance histórico que podía hacerse de las relaciones de China con el mundo exterior no era alentador. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, la historia de China había estado marcada por las agresiones y las lesiones a su soberanía. Tras la implantación de la República Popular, China emprendió un proceso de repliegue sobre sí misma. Desde un punto de vista económico, con el maoísmo se implantó poco a poco un modelo de desarrollo autárquico. El comercio exterior era considerado como una actividad residual.

Con la política de reforma, como hemos indicado, la máxima prioridad pasó a ser el crecimiento económico, y la actitud de China hacia el mundo exterior experimentó con ello un cambio radical. Hay que dirigirse al exterior, y en especial al mundo capitalista industrializado para adquirir tecnología avanzada. Se abre la puerta a las inversiones extranjeras, que contribuyen tanto a la capitalización de la economía como a la introducción de nuevos métodos de gestión empresarial.

De ser un país muy cerrado, China ha pasado a tener un grado de apertura exterior relativamente elevado. Su volumen de comercio exterior se ha multiplicado por 104 entre 1978 y 2007, pasando de 20.600 millones de dólares a 2,17 billones de dólares. China ha sido en 2007 el segundo exportador del mundo (después de Alemania) y el tercer importador (tras EEUU y Alemania). Gracias a sus fuertes superávit en la balanza comercial, se ha convertido en el primer país del mundo en reservas de divisas (1,5 billones de dólares de reservas en 2007).

En cuanto a inversiones extranjeras, China sólo recibió 916 millones de dólares en 1983, mientras que en 2007 el flujo de inversión fue de 74.800 millones, multiplicándose por 81. China había recibido hasta ese año un total de 770.000 millones de dólares de inversión extranjera directa.

Por otra parte, durante la presente década se ha asistido a la explosión de un nuevo fenómeno: las inversiones chinas en el exterior. En buena medida movidas por el afán de China de asegurarse suministros de materias primas y recursos naturales, las empresas chinas han pasado de unas inversiones en el exterior de 2.500 millones de dólares en 2002 a 18.600 millones de dólares en 2007.

La transformación de China

La transformación económica desencadenada por la política de reforma ha provocado la aparición de una nueva China. Su primera característica, y que constituye el resultado más positivo de la reforma, ha sido el crecimiento económico y la modernización. China ha crecido a una tasa media anual del 9,8% durante las tres décadas de reforma. La mejora del nivel de vida ha sido espectacular. En estas tres décadas la renta per cápita real ha crecido a una tasa media de casi el 8% cada año, pasando de 190 dólares en 1978 a 2.360 dólares en 2007.

En contraste con los tiempos de Mao, el crecimiento económico de la era de la reforma ha repercutido directamente en el bienestar de la población, experimentándose un gran auge de la producción de bienes de consumo y una espectacular mejora en general del nivel de vida de la población.

El crecimiento económico de la era de la reforma se ha debido, en mucha mayor proporción que antes, a una mayor eficiencia en la utilización de los recursos productivos. Se ha calculado que en los años 60 y primeros 70 el crecimiento se debió, en más del 50%, al crecimiento del stock de capital de la economía, correspondiendo a la mejora de la productividad solamente un 15% del crecimiento. A partir de 1978, por el contrario, el aumento de la productividad ha sido el responsable de un 50% del crecimiento.

China ha logrado un gran crecimiento económico en los últimos 30 años, basado en una serie de factores que siguen presentes y continuarán favoreciendo el crecimiento en el futuro. Los pronósticos de organismos internacionales, consultoras, etc., apuntan a que China podrá mantener una tasa de crecimiento que, aunque no será tan alta como la de estos 30 años, seguirá siendo elevada, aunque a corto plazo todo indica que China va a sufrir con fuerza las consecuencias de la crisis financiera internacional. Es probable que el futuro inmediato (2009, 2010) marque los momentos más difíciles de la economía china desde que se inició la reforma.

El hecho de que las perspectivas económicas a largo plazo sean relativamente favorables no significa que el país no tenga ante sí retos formidables. El mayor reto cara al futuro es el desarrollo de un sistema de protección social que permita proporcionar un mínimo de asistencia a la población socialmente más desfavorecida: los enfermos, los desempleados y los ancianos. Poner en pie sistemas de sanidad, pensiones y seguros de desempleo, así como un mercado de la vivienda, son algunos de los retos que habrá que abordar para conseguir el objetivo de tener un mercado de trabajo más flexible, sin que al mismo tiempo se creen factores de inestabilidad social a causa de la desprotección de los trabajadores.

Tiananmen: la crisis de la reforma

La reforma china tuvo su gran crisis en 1989, con los sucesos de Tiananmen que desembocaron en la masacre de principios de junio de ese año.

Los sucesos de la denominada “primavera de Pekín” comenzaron con manifestaciones de estudiantes en señal de duelo por la muerte de Hu Yaobang, un veterano dirigente comunista que tenía fama de ser relativamente liberal, unas manifestaciones que fueron creciendo en intensidad y las que se incorporó buena parte de la población de Pekín. A fines del mes de mayo, sin embargo, la mayor parte de la población pekinesa se retiró de las protestas. Prosiguió en la protesta un grupo de estudiantes, que se había ido radicalizando a lo largo del tiempo, hasta que la “primavera de Pekín” estalló, a principios de junio de 1989, en la masacre de Tiananmen y en la tragedia que tanto impacto provocó en el mundo.

Sobre las causas de las protestas y manifestaciones que estallaron en Pekín existen interpretaciones muy diversas. Para una cierta línea de interpretación, a la que me adscribo, detrás de las protestas que estallaron en 1989 se encontraba el descontento por los efectos indeseados causados por la reforma: inflación, corrupción, desequilibrios en la distribución de la renta, criminalidad, etc.

Los estudiantes no plantearon inicialmente una oposición frontal al sistema político. Sólo al final del proceso los grupos más radicalizados dirigieron sus críticas directamente contra el régimen comunista y pidieron su sustitución por un régimen democrático, con elecciones y partidos libres. La protesta de los estudiantes fue una explosión de descontento y protesta, muy compleja en sus orígenes y en su desarrollo, motivada fundamentalmente por el trasfondo de malestar que se había ido extendiendo por la sociedad china a consecuencia de los fenómenos negativos que la reforma trajo consigo.

Reforma económica y cambio político

La nueva política de reforma lanzada a fines de los años 70 estaba basada en una especie de “pacto social” con el pueblo chino. Este pacto tenía dos grandes componentes: por un lado, el pueblo chino se comprometía a aceptar el poder del Partido Comunista; como contrapartida, el Partido se comprometía a darle un mayor grado de libertades personales, por un lado, y de bienestar económico, por otro.

El pacto se ha cumplido. Ha habido una gran mejora en las libertades individuales de la población china. Se ha producido también una mejora espectacular en las condiciones materiales de vida de la población, gracias al intenso crecimiento económico.

Se ha dicho muchas veces que en China existe una gran contradicción por el hecho de que se ha llevado a cabo una amplia reforma económica mientras que el sistema político ha permanecido inmóvil. Esta idea requiere importantes matizaciones.

La reforma ha traído consigo una enorme ampliación del marco de libertades de la población china. En comparación con el totalitarismo de la época de Mao, el ciudadano chino, especialmente en las ciudades que más se han desarrollado económicamente, disfruta en la actualidad de un grado mucho mayor de libertades.

Resulta difícil vislumbrar, a corto y medio plazo, una alternativa al poder del Partido Comunista. China avanzará hacia una mejor situación de derechos humanos y libertades, y eventualmente, hacia un régimen democrático. Pero lo que la va a empujar en esa dirección va a ser, sobre todo, el crecimiento económico y la integración con el exterior.

El papel de liderazgo social y moral ejercido por el Partido Comunista se ha erosionado sin duda con el paso del tiempo. Sin embargo, a pesar de esta erosión, del deterioro originado por la corrupción y el nepotismo, del vacío ideológico y de las incertidumbres sobre cómo evolucionará la política de reforma, resulta difícil imaginar un futuro de China en el que no tenga un papel determinante el Partido Comunista.

La legitimidad del Partido Comunista se sustenta fundamentalmente en dos factores. Uno de ellos se puede calificar como “histórico”: el Partido Comunista devolvió a China la unidad nacional, le permitió superar una larga crisis que se arrastraba desde mediados del siglo XIX, la transformó en una potencia respetada en la comunidad internacional y terminó con un largo período de agresiones exteriores.

El segundo factor es más actual. Desde que se abordó la política de reforma, el Partido está liderando un gran proceso de transformación económica que ha proporcionado al pueblo una mejora espectacular en sus condiciones materiales de vida. El Partido Comunista es el partido de la reforma y la apertura al exterior, y por ello el partido del progreso económico.

Conclusiones

¿Qué ha significado el proceso de reforma de China de estos últimos 30 años, para China y para el mundo?

Como se indicaba al principio de este análisis, la reforma china ha provocado la mayor revolución económica de la historia, en el sentido de que nunca hasta ahora un colectivo tan grande de población ha experimentado una progresión tan intensa de sus condiciones económicas y materiales de vida en un período de tiempo tan corto.

La perspectiva histórica mostrará probablemente que el fenómeno más importante del mundo de nuestros días es el ascenso de China. Gestionar ese ascenso, facilitar el acoplamiento de esta nueva China en el mundo es uno de los grandes retos de la comunidad internacional. Muchos ven la pujanza económica de China como una amenaza: los productos chinos son más baratos y destruyen empleos en muchas industrias que no pueden resistir su competencia.

Pero el ascenso de China ofrece también oportunidades. Las ventas a China son ya un elemento fundamental en las economías de muchos países, en Asia, Latinoamérica, etc. Con cerca de 1.300 millones de habitantes cuyo nivel de vida está creciendo de forma vertiginosa, la demanda de importaciones de China será un motor clave para el crecimiento de la economía mundial.

Acomodar a una quinta parte de la población mundial en una senda de desarrollo pacífica y ordenada es algo que tiene un gigantesco valor para la estabilidad de la comunidad internacional.