miércoles, 21 de enero de 2009

UN DIÁLOGO EN ALZA EN EL ESTRECHO DE TAIWÁN


Xulio Ríos

La conjunción del ascenso político del Kuomintang (KMT) tras el rotundo triunfo alcanzado en las elecciones legislativas celebradas en enero de 2008 (logrando 81 escaños frente a 27 del Partido Democrático Progresista, PDP) y en las presidenciales de marzo del mismo año (58,45% frente al 41,55% a favor del KMT) y el provechoso diálogo directo establecido entre el KMT y el Partido Comunista de China (PCCh) a partir del año 2005, han abierto las puertas a un renovado entendimiento a ambos lados del Estrecho del que pueden desprenderse importantes novedades en el futuro inmediato.

En el continente, Hu Jintao, secretario general del PCCh y presidente de la República Popular China, a quien no pocos atribuían al inicio de su mandato (2002) signos de continuidad en la política taiwanesa de Pekín a raíz de la aprobación de la ley antisecesión (2005), documento deudor aún de una política inflexible que primaba las amenazas directas a la isla “rebelde”, se ha alejado, por el contrario, de la orientación seguida por su antecesor, Jiang Zemin, optando por el fomento del diálogo y la comunicación con todos aquellos que rechazan la opción de la independencia de la República de China o Taiwán. El soberanismo taiwanés se vio beneficiado electoralmente por la división en las filas nacionalistas (la escisión del KMT que dio lugar a la formación del Partido el Pueblo Primero, PPP), pero también por la hostilidad preventiva y hasta militarizada promovida desde el continente.

En un reciente discurso con motivo del 30 aniversario del “Mensaje a los compatriotas de Taiwán” (1979), Hu Jintao, adelantando seis nuevas propuestas para acelerar el acercamiento en el estrecho de Taiwán, ha dejado entrever signos de flexibilidad que no solo atañen al orden económico sino también a variables sensibles relacionadas tanto con el espacio internacional de la República de China como en el ámbito de los intercambios militares. Además, Hu Jintao ha apelado al PDP a abandonar su reivindicación secesionista para facilitar el diálogo con todos los partidos taiwaneses.

Los últimos meses han registrado importantes avances en el entendimiento bilateral. La visita a Taiwán de Chen Yunlin, presidente de la ARATS (siglas en inglés de la Asociación para las Relaciones a Través del Estrecho de Taiwan), en noviembre pasado, que incluyó un breve encuentro con el presidente Ma Ying-jeou, y los dos encuentros mantenidos por Hu Jintao con Lien Chan, presidente honorario del KMT, en la víspera de los Juegos Olímpicos y en la cumbre de la APEC celebrada en Perú, dan cuenta del salto producido en el diálogo al máximo nivel. El vicepresidente Vincent Siew también se reunió con Hu Jintao en abril, poco antes de asumir funciones, en el marco del Foro Boao para Asia.

Por otra parte, los acuerdos firmados el 4 de noviembre entre la ARATS y la Fundación para los Intercambios del Estrecho (SEF por sus siglas en inglés), entidades que han retomado el diálogo interrumpido hace 10 años, y en virtud de los cuales se normalizan los intercambios en materia de comunicaciones y transporte abren un nuevo capitulo y constituyen la antesala de nuevas aproximaciones.

La política de Ma Ying-jeou

En Taiwán, Ma Ying-jeou asienta su política continental en tres pilares principales: (1) la promoción del diálogo económico que debe conducir a la instauración de un mercado común con libre circulación de capitales, bienes y personas; (2) una tregua diplomática que garantice a Taiwán un espacio internacional adecuado; y (3) la definición de las bases para lograr una paz duradera y rebajar la tensión en el estrecho. Su mayor handicap radica en la incapacidad para articular un diálogo constructivo con el PDP y otras fuerzas de la oposición, quienes seguirán intentando aprovechar el temor que suscita el acercamiento al continente en algunos sectores de la sociedad taiwanesa para galvanizar a su base socio-electoral y, en el caso del PDP, pasar página de los escándalos de corrupción que han empañado su presencia en el poder (2000-2008), de un calibre tal que han llevado a prisión provisional al ex presidente Chen Shui-bian acusado, entre otros delitos, de blanqueo de dinero.

En el orden económico, la liberalización de los intercambios ha proseguido a un ritmo trepidante. En diciembre último, después de asegurar la conversión del yuan continental y del dólar taiwanés, se anunció que las transferencias monetarias entre los dos lados del Estrecho serán posibles en el mes de febrero. En el IV Foro Económico, Comercial y Cultural –organizado por el PCCh y el KMT y clausurado en Shanghai el 21 de diciembre– se han consensuado medidas y políticas para responder a la crisis financiera y abrir nuevas oportunidades de negocio e inversión a los empresarios isleños. En dicho encuentro, Chiang Pin-kung, presidente de la SEF taiwanesa, ha propuesto la creación de un mecanismo similar al fondo de reservas de divisas extranjeras establecido en la ASEAN, poniendo en común las reservas de divisas de China, Hong Kong y Taiwán. Por otra parte, la Bolsa de Taipei se ha abierto a los inversores institucionales continentales, aunque con algunas restricciones para evitar que se puedan hacer con el control de las sociedades insulares, y se ha elevado al alza (pasando del 40% al 60% de su capital neto) el límite del importe de las inversiones taiwanesas en las bolsas chinas.

La normalización de las comunicaciones y el avance de la cooperación industrial en sectores como la aeronáutica, el sector petrolero, automovilístico, semiconductores, etc., vaticinan un pronto acuerdo global. Asimismo, ambas partes estudian medidas conjuntas para apoyar a los fabricantes taiwaneses presentes en el sur de China y que se han visto muy afectados por la recesión económica global.

En el orden político, la reclamación de Taipei de una tregua diplomática (ha perdido seis aliados en los últimos ocho años de mandato de Chen Shui-bian) parece haber sido atendida por Pekín, que ha dejado a un lado anteriores y denodados empeños que habrían podido cuajar en regiones como América Latina, donde la República de China aún conserva un nivel respetable de reconocimiento diplomático. Solo así se explica, por ejemplo, que Paraguay no haya reconocido a Pekín, anuncio que su actual mandatario, Fernando Lugo, formuló en sus primeras declaraciones como presidente electo. Además, Pekín ha facilitado el acceso de Taipei a instancias como el Acuerdo multilateral sobre los mercados públicos de la OMC, bloqueado desde hacía seis años, permitiendo también la participación con derecho a voto en la Agencia de Cooperación y de Información para el Comercio Internacional, donde participaba como observador desde 2007, o facilitando la asistencia de científicos taiwaneses a las reuniones de expertos de la OMS (sobre la melamina a primeros de diciembre en Ginebra).

Estos pequeños gestos, que tan tenido su complemento en la retirada de la propuesta de ingreso de Taiwán en Naciones Unidas, pasando a formularla como República de China (secundada por solo 18 de sus 23 aliados diplomáticos), tendrán su prueba principal en las próximas semanas, si ambas partes logran encontrar una fórmula aceptable para garantizar la participación en la Asamblea General de la OMS, reivindicación formulada por las autoridades taiwanesas desde tiempo atrás. La segunda prioridad de Taipei se refiere al reforzamiento de los lazos con la ASEAN. Para la isla es una cuestión de supervivencia. Taiwán ansía la firma de un TLC con la ASEAN, a fin de no quedar excluida del mercado único que construyen los 10 Estados de dicha alianza, que ya negocian con China, Japón y Corea del Sur.

En el orden conceptual, Ma ha rechazado hablar de “relaciones especiales de Estado a Estado”, fórmula promovida por el ex presidente Lee Teng-hui y causante de la ruptura del diálogo establecido a inicios de los años 90, proponiendo el concepto de “dos regiones” de una misma China, denominación que podría evitar las refriegas verbales en torno al espinoso asunto de la soberanía, evitando la mutua negación y permitiendo una mayor flexibilidad en la proyección internacional.

Por lo que se refiere a la paz, ambas partes se han mostrado favorables a la firma de un acuerdo que ponga fin formalmente a las hostilidades. Solo el PDP se ha opuesto a la firma de un acuerdo de paz por considerar que afectaría a la seguridad nacional y a la soberanía, conduciendo directamente a la reunificación. Reclamando una consulta popular de llegar a subscribirse, el PDP ya ha movilizado a cientos de miles de personas en Taipei a finales de octubre para contestar esta política del KMT.

Por su parte, en una comparencia en la Universidad Nacional de la Defensa el pasado 26 de octubre, Ma Ying-jeou reiteró que no habría guerra en el Estrecho durante su mandato, aunque no bajaría la guardia y mantendría un nivel de defensa alto en tanto no se produzca un aumento singular de las medidas de confianza y una reducción sustancial del número de misiles (han pasado de 400 en 2000 a 1.328 en 2008) que apuntan a la isla desde el continente. Pese a las nuevas compras de armamento a EEUU, que han motivado las habituales protestas de China, todo parece indicar que el diálogo en materia de defensa podría dar pronto sus primeros pasos, lo que sin duda ayudará a disipar malentendidos y evitar los riesgos de conflicto. Como señal de buena voluntad, Pekín podría tomar alguna iniciativa en relación a los misiles balísticos que apuntan a Taiwán. Esa esperanza (y convicción) explican proyectos gubernamentales como el de construcción de casinos en los islotes de Kinmen, Matsu o Penghu, con el objeto de estimular el desarrollo de estos territorios, donde antes se imaginaba el primer escenario de una confrontación armada directa con el continente, atrayendo a los visitantes de Fujián y otras provincias vecinas.

¿Unificación?

Han bastado siete meses para poner fin a 60 años de interrupción de los lazos marítimos, aéreos y postales, estableciendo hasta 160 vuelos semanales sin escala que comunican 21 ciudades chinas y ocho taiwanesas. Más de 60 puertos chinos y 21 taiwaneses están abiertos a la navegación directa. Y es sólo el principio. En términos económicos, ello supone un ahorro anual de costes de un valor estimado en 90.000 millones de dólares estadounidenses. Es fácil comprender el apoyo que estos acuerdos reciben de la comunidad empresarial cuyos proyectos aumentan exponencialmente su competitividad.

Sin embargo, pese a la notoria intensidad del acercamiento logrado en tan poco tiempo, lo cierto es que, por el momento, éste guarda más relación con el logro de una paz sólida o el aprovechamiento de las oportunidades económicas que con la unificación, horizonte que no se atisba a corto plazo. El rápido avance experimentado en el diálogo bilateral puede explicarse en virtud de la temática tratada, en la que predominan la convergencia y complementariedad de los respectivos intereses. No obstante, en el orden político, las distancias son mucho mayores. El rechazo de la estrategia independentista por parte del KMT aleja la pesada sombra de la secesión que ha enturbiado la región en los últimos ocho años. Ello aumentará las ofertas seductoras a Taipei por parte de Pekín, pero la tendencia mayoritaria en el KMT y en la sociedad taiwanesa sigue siendo aquella que tanto rechaza la independencia como la unificación.

Los progresos en el orden económico y comercial coexisten aún con importantes ambigüedades y silencios en lo político que no excluyen la aparición de tensiones en el futuro inmediato, en el cual el KMT deberá hilar muy fino para no facilitar la estrategia de acoso del PDP basada en la acusación de alentar el “entreguismo” al continente. Por otra parte, al PCCh tampoco debería interesarle ejercer una presión exorbitante sobre el contencioso que podría tensar en exceso la cuerda y debilitar a Ma y al KMT, facilitando la vuelta al poder del PDP en 2012 con una credibilidad renovada.

Especialmente en la coyuntura actual, con una crisis económica que también en la isla reduce los niveles de crecimiento y aumenta el desempleo, buena parte de la sociedad taiwanesa puede respaldar una estrategia de relanzamiento que aproveche las oportunidades que ofrece el continente. El interés por garantizar la buena marcha de la economía es una clave fundamental que puede limitar las resistencias al actual proceso, pero ambas partes no debieran pasar por alto la determinación identitaria que subsiste en la isla y frente a la cual solo caben propuestas políticas integradoras. El proceso, pues, tiene importantes riesgos políticos para Ma y cabe imaginar que las dificultades no tardarán en llegar.

Por otra parte, en el orden externo, la comunidad internacional en su conjunto ha saludado el diálogo con el Estrecho, calificándolo de positivo y necesario. No obstante, el avance sugerido en materia de intercambios militares entre los dos lados del Estrecho plantea a Taipei el delicado problema de sus límites en cuanto afecte a las vitales relaciones que en este plano mantiene con EEUU, donde algunas voces han alertado ya sobre las eventuales consecuencias en el aumento del número de oportunidades que pudieran surgir en materia de espionaje, afectando a la capacidad de acceso a informaciones relativas al armamento estadounidense, lo que podría llegar a cuestionar el suministro de aquellos sistemas de defensa calificados como sensibles. En octubre pasado, el Pentágono anunció la venta de un paquete de armas a Taiwán por valor de 6.500 millones de dólares.

Conclusiones

Cabe imaginar la sucesión de numerosos e importantes acuerdos que acerquen la normalidad en el estrecho de Taiwán. Estos avanzarán en tres planos (económico y comercial, diplomático y defensivo), pero cada uno a diferente velocidad, paso a paso, dejando a un lado los problemas de naturaleza política y coexistiendo con los efectos terminales de las tensiones del precedente mandato de Chen Shui-bian (como ocurrió con la ejecución del presunto espía taiwanés Wo Weihan). Pero, en su conjunto, cabe imaginar un escenario de distensión que multiplicará los actores y las complicidades, a uno y otro lado del Estrecho, con el proceso de diálogo.

Hu Jintao proseguirá con su política de acercamiento, aislando en el Ejército Popular de Liberación (EPL) a los partidarios de mano dura con la isla. Por su parte, Ma Ying-jeou, cuya popularidad pasó del 66% en mayo al 33% a mediados de noviembre, tendrá que realizar importantes esfuerzos pedagógicos para demostrar las ventajas del acercamiento y que este no perjudica el estatus ni la dignidad de Taiwán, aspecto que, junto al rigor ético de su Administración y la superación de los tropiezos económicos, serán las claves del éxito de su gestión política y de la consiguiente renovación de su mandato en 2012. Hasta entonces, la movilización de la oposición, liderada por el PDP, no se lo pondrá fácil.